Mujeres en la ciencia

A todo el mundo cuando se habla de ciencia y mujeres, nos viene a la cabeza Marie Curie, y eso está bien, pero podría estar mejor, podríamos pensar en muchas más mujeres.

Así, googleando un poco, encontramos una larga lista de mujeres que influenciaron la ciencia y de paso la historia, a cual más interesante. La lista que nos ofrece google es como mínimo curiosa, ya que entre la cincuentena de mujeres científicas, hay una que no es una mujer, Charles Darwin, hasta donde yo sé, no era mujer.

Por supuesto no están todas ni por asomo, pero hay muchas y desde Kameo queremos rendirles nuestro pequeño homenaje. Iremos publicando una serie de posts cuyo orden se regirá por nuestro único e intransferible criterio, pero buscando el máximo rigor. Empezamos.

Hedy Lamarr «La mujer más bell…» Inventó lo que hoy conocemos como WiFi.

Viena 9 de noviembre de 1914 - Caselberry (USA) 19 de enero de 2000 
Hedy Lamarr

Si, era actriz y era muy bella. De hecho decían de ella que era «la mujer más bella de la historia del cine«. Pero todo tiene su comienzo y Hedy Lamarr no inició el suyo con ese nombre, sino como Hedwig Eva Maria Kiesler. Hija única de un banquero y una pianista, en el colegio sobresalió tanto que sus profesores la consideraron una superdotada. Aprendió a tocar el piano a la perfección desde pequeña, pero su sueño era ser actriz y abandonó sus estudios de ingeniería.

En 1932 protagonizó la película que la catapultó «Éxtasis», rodeada de una gran polémica, ya que fue la primera película en la que aparecía una mujer completamente desnuda durante un orgasmo. Censuras, condenas, escándalo y prohibiciones. Sus padres se horrorizaron al ver a su hija desnuda en una pantalla. Un acaudalado empresario armamentístico se fijó en Hedwig y pidió a su padre permiso para cortejarla. Más tarde le pidió su mano, a lo que este accedió obligando a la joven Hedwig a un matrimonio que significó una caída a los infiernos, convirtiéndose en todo lo que ella detestaba, la mujer florero de un tirano.

Su matrimonio con el empresario Friedrich Mandl (proveedor de Hitler y Mussolini), fue totalmente carcelario. La mantenía encerrada en casa y solo le permitía salir para acompañarle a sus cenas y viajes. Su carrera artística quedó paralizada y aprovechó para continuar con sus estudios de ingeniería, obtener información sobre la tecnología armamentística de los clientes y proveedores de su marido, y también para elaborar un plan de fuga.

Con la ayuda de una asistenta escapó a través de una ventana de un restaurante para subirse a un automóvil que la esperaba y huir a París. Hasta allí fue perseguida por el personal de su marido sin conseguir atraparla, desde allí huyó a Londres.

Según la versión que ella misma cuenta en su autobiografía, administró un somnífero a su asistenta y pudo salir de su casa disfrazada como ella.

En su huida a Estados Unidos, embarcó en el transatlántico Normandie, donde coincidió con Louis B. Mayer, conocido productor cinematográfico. Antes de llegar a puerto, Mayer ya le habría ofrecido trabajo. Y así es como durante la travesía del Atlántico, Hedwig Eva pasó a llamarse Hedy Lamarr y firmó con la Metro-Goldwing-Mayer.

Con el estallido de la Segunda Guerra Mundial, Hedy ofreció sus servicios al Gobierno de Estados Unidos ya que disponía de información privilegiada acerca del armamento del ejército alemán. Ubicada en el departamento de tecnología militar, Hedy se dió cuenta de que las señales de radio que guiaban a los torpedos de la armada norteamericana, eran muy fáciles de interceptar. Fue entonces cuando elaboró junto con su amigo el compositor George Antheil, un sistema de detección de torpedos teledirigidos. Inspirado en un principio musical, este funcionaba con 88 frecuencias, las equivalentes a las teclas del piano, y era capaz de hacer saltar señales de transmisión entre las frecuencias del espectro magnético.

Los militares no supieron apreciar entonces la utilidad del invento que les estaba ofreciendo Hedy, hasta que muchos años después, en 1962, se produjo la crisis de los misiles cubanos. Entonces la tecnología de Lamarr se utilizó para interceptar las comunicaciones y el control de los torpedos. A día de hoy este método se emplea para los sistemas de posicionamiento por satélite, como el GPS, y fue el precursor del wifi.

Su vida personal fue bastante desafortunada. Lamarr se casó seis veces, cayó en el consumo masivo de pastillas y desarrolló una obsesión enfermiza por la cirugía estética. Se recluyó en su mansión de Miami para pasar los últimos años de su vida aislada del mundo que había marginado su lado intelectual y no la había reconocido como inventora de las aplicaciones que se estaban usando.

Cuando finalmente llegaron los reconocimientos a sus capacidades y logros, ya era demasiado tarde. En 1997 al comunicarle la concesión del Pioneer Award se quedó imperturbable y comentó escuetamente: «It’s about time» (ya era hora).

El 19 de enero del año 2000 moría en Caselberry, Estados Unidos, a los 85 años de edad como consecuencia de una complicación cardíaca. En la actualidad en Austria, se celebra el Día del Inventor en su honor el 9 de noviembre, el día de su nacimiento.

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